TRADICIÓN ORAL E HISTORIA:
Vansina
(1967) plantea que la tradición oral sufre transformaciones al verse afectada
por la cultura, la sociedad y los individuos narradores, quienes pueden agregar
u omitir algún detalle a la narración para hacerla más interesante a su
público. En palabras de Vansina:
El
testimonio es sólo un espejismo de la realidad de la que da cuenta. En la
tradición oral el primer testigo deforma la realidad voluntaria o
involuntariamente, ya que no recibe más de una parte de ella y atribuye un
significado a lo que aprecia. Su testimonio lleva la huella de su personalidad,
va coloreado por sus intereses y está encuadrado por referencia a valores
culturales. Los testigos de la cadena, hasta el último de ellos, alteran y
deforman el primer testimonio bajo la influencia de los mismos factores: sus
intereses y los de la sociedad, los valores culturales y su propia personalidad
(Vansina, 1967: 93). Sin embargo, este autor concluye que la tradición oral es
una fuente histó- rica y que merece credibilidad. Para los pueblos usuarios de
la tradición oral, ésta es una forma de reconstruir y mantener vivos los hechos
del pasado en la memoria (Vansina, 1967: 13). En síntesis, la tradición oral
nos permite conocer no solamente los valores, conducta y creencias de un
pueblo; también nos permite adentrarnos en la memoria histórica de una ciudad,
de una casa o de una comunidad. Para ello quiero citar algunos ejemplos de
leyendas de Cartagena y Tunja y la tradición oral en los campesinos boyacenses.
Medina (1988: 63-64) presenta el relato del espanto del panóptico de Tunja que
escuchó en esta ciudad de sus padres y abuelos.
Según
el relato, los días 2 de noviembre de los primeros años del siglo XIX, los
guardias de la cárcel panóptico de Tunja fueron atacados por espantos a las
ocho de la noche, hora en que se daba el toque de las ánimas. Después de varios
años en que se repitiesen los hechos, se desenladrilló el descanso de la
escalera y se encontraron los esqueletos de varios frailes agustinos enterrados
en tierra no santa; al darles cristiana sepultura cesaron los ataques a los
guardias. Pero, ¿qué hacían los restos de frailes agustinos en una cárcel? El
colonial convento con capilla y espadaña, recientemente restaurado, que ocupa
el costado oriental del Parque Pinzón en la ciudad de Tunja, había sido en los
siglos XVII y XVIII dominio y vivienda de los padres agustinos, evangelizadores
de la región. En una de las revueltas políticas de la primera mitad del siglo
pasado, fueron ellos desposeídos de sus bienes y el hermoso claustro pasó a
manos del Estado, quien lo destinó a servir de cárcel, llegando a convertirse
en un austero panóptico que se hizo famoso por su severidad y seguridad…
(Medina, 1988: 63).
El espanto del panóptico de Tunja revela detalles de la
historia de esta ciudad, de los agustinos en esta capital y de los diferentes
usos y dueños del convento.
Este relato transmite y mantiene viva la
información histórica de la 106 Alejandra María Valverde B. ciudad; para ello
hace uso de la memoria y de la transmisión oral de información a través del
tiempo.

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